LO MIO ES EXCESO DE INTELIGENCIA.
TENGO TAL CANTIDAD, QUE NO ME CABE EN LA CABEZA Y HA TENIDO QUE REPARTIRSE POR TODO EL CUERPO.
NO SÉ QUIÉN DIJO ESTO, PERO TENÍA MUCHÍSIMA RAZÓN.

viernes, 23 de abril de 2010

CIRUJANOS




Antes de hablar de los "Supremos" debo aclarar que, al llegar a planta, se presentan las enfermeras que te van a atender en los diferentes turnos, lo mismo hacen las auxiliares y todas ellas te cuidan con mucho cariño y amabilidad. Tengo un muy buen recuerdo de ellas, sobretodo de las niñas, las auxiliares, que son maravillosas. Están por ti en cualquier momento, con todo detalle y siempre tienen una sonrisa para ti.
Para ellas un aplauso.
Pero la otra cara, desgraciadamente, son esos seres "Superiores" a los que les falta volar y que aparecen en tu habitación en grupos de diez o doce.
Previo a la "Aparición" llega una señora que nadie te ha dicho quién es, pero que indagando descubres que es la jefa de enfermeras y que te dice (palabras textuales):
-vayan saliendo que van a pasar visita-.
Y entonces te das cuenta que en la facultad no enseñan a dar los buenos días ni a pedir las cosas por favor, como nos han enseñado nuestras mamás a nosotros, los mortales.
El primer día le dije a esa señora que yo no estaba de acuerdo y que quería que mi marido estuviese presente durante la visita, a lo que respondió que eran las normas y estaban puestas detrás de la puerta.
¡Pero, señora! Acabamos de subir de urgencias, en un estado lamentable, mi marido aguantando el tipo y muy preocupado y ¿usted se cree que nos vamos a poner a mirar las puertas?
Vale, mi marido salió al pasillo y llegaron "Ellos". ¡Casi logro ver el aura!
Y yo en la cama haciendo esfuerzos por respirar y seguir viva. Y ellos que te miran desde las alturas y te sientes bacteria a la que están esperando ver estallar o que te salga un hongo...
Y, excepto uno que no voy a nombrar y que fue el único de los doce que me saludó cada día, nadie dijo nada, ni buenos días, ni hola...
Este cirujano especial del que hablo, es el que me vio el último día antes de operar. Después en urgencias se acercó a saludarme y bromeando me dijo que si me gustaba estar en el hospital porque había vuelto. También es el único que al entrar con los demás me tocaba el pié y me dedicaba un "hola" bajito, casi un susurro, pero ese poquito se agradece muchísimo. Lástima, porque no quiero dar nombres, pero espero que no logren "transformarlo" nunca.
Yo subí de urgencias un miércoles y, hasta el lunes siguiente, mi marido salía al pasillo y volvía a entrar cuando terminaba la visita. Pero el lunes, el último día, superenfermera insistió en que saliera aún faltando un buen rato para la gran "Aparición". Mi marido entonces decidió salir no sólo al pasillo, sino al fondo donde están los ascensores. Y allí estaba todo el mundo, todos los acompañantes esperando.
 Y entonces supimos que eso era lo que había que hacer.
Si lo hubieran dicho el primer día nos habríamos evitado disgustos.
¡Llegan! ¡Oh...son ellos! Y mi cirujano favorito con su "hola" bajito y su caricia en el pié...
Me dicen lo que ya sé, que me quitan la vía, antibiótico oral y a casa.
Se van...
Y yo salgo a buscar a mi marido, ya que la visita de tres segundos terminó.
No está muy de acuerdo y le insisto, ya que a mi habitación no tienen que volver.
Pero...que ingenuos somos. Cuando han dado la vuelta al pasillo, vuelven y superenfermera le ve dentro.
¡Se desata la FURIA DE LOS TITANES!
¡Le he dicho que salga, que están pasando visita!
Impresiona, de verdad, pero si aquí no tienen que entrar para nada...
Y en el momento mi marido sale por la puerta, disgustadísimo más que por tener que irse, por el tono y la forma en que se le trata. Al cruzar la puerta, saliendo, se le aparece un personaje que siempre se ve entre los médicos, aunque él no lleva bata, y que después supimos que es el "Gran Dios" de entre todos los dioses. Y le increpa:
-¡Le han dicho cuarenta veces que salga de aquí!-
Pero bueno, ¿estamos en el colegio o esto es una dictadura y me acabo de enterar?
Empieza la persecución. Mi marido no deja de andar hacia la salida mientras le repite a "Zeus" que no le llame la atención. ¿No ve que me estoy marchando?, ¡No me llame la atención! ¿En qué le molesto?...Una serie de respuestas a una serie de improperios del "Supremo": ¡fuera!, ¡sí le llamo la atención!, ¡no nos deja hacer nuestro trabajo!...
Y llegas a pensar, ¿que educación ha recibido este "señor"? Él es el primero que debería callar y no montar escándalo en el pasillo.
Pero ya se sabe que los de las alturas todo lo pueden.
Triste actuación la de los "Grandes", porque se creen que lo son y no se dan cuenta que el futuro es para todos igual.
Más les convendría bajar un poquito a tierra e igualarse a los demás, porque llegará un día en el que necesiten la mano de un mortal y quizás no haya nadie...

martes, 20 de abril de 2010

UNA AVENTURA

Bueno, creo que llegó el momento de contar mi aventura, porque todos conocemos los riesgos y pienso que debo compartirlo con vosotros.
No pretendo asustar a los que aún se tienen que operar, pero las cosas claras.

Me operaron el jueves 8 de Abril de 2010. La operación, un bypass, un éxito. El 11 estaba en casa empezando mis pautas de alimentación. Yogur, compota de pera y manzana, sopa de sémola...todo en pequeñas cantidades y aún así yo notaba que no podía comer. Pero pensé que la operación era muy reciente y debía darme tiempo. No era así.
El lunes 12 por la noche, sobre las 21 h. vomité un coágulo de sangre del tamaño de un plato grande. Mi primera reacción fue ponerme a llorar y gritar de miedo. Mi familia pidió una ambulancia porque no me veía capaz de llegar al coche sin desmayarme.
En la ambulancia me dio un mareo y vomité sangre, por lo que vi debía ser un litro más o menos. La tensión a 10 y bajando.
En el hospital me entraron directamente a urgencias donde, al cabo de una hora, volví a vomitar. Entonces me pusieron una sonda naso-gástrica para limpiar el estómago con suero frío.
A todo esto mi marido estaba que se moría. Le dejaron entrar conmigo menos cuando me hacían los lavados.
Después una gastroscopia, en la que no vieron nada porque había mucha sangre. Al terminar, me quedé dormida porque me habían puesto un sedante ligero, que no impidió que me enterara de todo.
De vuelta a urgencias, no pasó ni una hora, me dicen que me tienen que volver a sondar. La verdad es que lo hicieron con todo cuidado.

A pesar de lo mal que estaba me sentí bien porque me cuidaron perfectamente. De nuevo lavados con suero frío y me dejan la sonda puesta con una bolsa. No tengo idea de las horas que pasaron con los lavados de estómago.
Me la quitan el miércoles por la tarde, cuando ven que ya lleva horas sin salir sangre. Otra gastro en la que no ven nada claro.
No sé bien en qué momento dejé de tener idea de en qué día y a qué hora vivía, tampoco me importó mucho. Sólo sé que mi familia estuvo allí a todas horas, haciendo turnos.
Creo que esa tarde del miércoles me subieron a planta.
Allí empezó la aventura de mis venas. Dos vías, una en cada brazo, porque la bomba del protector de estómago no podía juntarse con los sueros y antibióticos. Tenía fiebre por una flebitis en el brazo izquierdo. La bomba, me la quitaron el viernes y pasé a tomar protector de forma oral.
El viernes me repiten la gastro y ahora sí ven qué ha pasado. Una grapa, en la operación, arañó la pared del estómago y me hizo una llaga que empezó a sangrar y poco a poco se llenaba el estómago de sangre. De ahí que no pudiera comer nada.
El brazo derecho amenazaba flebitis. Lo aguanté hasta el lunes por la mañana, cuando ya me dieron el alta y efectivamente, flebitis.
Ahora llevo dos días en casa, con mis pautas, todo bien, muy cansada porque la pérdida de sangre me ha provocado anemia, pero recuperándome.
Ya he perdido 11kg.
Sólo me queda decir que todo ha valido la pena.
Lo habría hecho aún sabiendo todo lo que ha pasado. Por eso quiero decir a todos los que aún esperan para la operación, que no abandonen, que es lo mejor que se puede hacer.
Estoy muy feliz.